SAFO

SAFO

lunes, 14 de agosto de 2017

EL TIEMPO SE DILUYE EN LOS OJOS

Tengo la sensación de que los días cada vez duran menos. ¿Será porque la mitad del tiempo en el que no dormimos estamos pendiente de alguna red social? las cuales cada vez mas nos chupan las actividades mas importantes del día. ¿O quien no vio alguna vez algún vídeo de youtube mientras cenaba? ¿o quien no se hizo un rato libre en el trabajo para chequear el face? Y así pasa con todas las apps de nuestro celular el cual llevamos a todos lados como si fuera un talismán, mientras que cada vez siguen saliendo mas y mas aplicaciones y juegos que nos consumen mas tiempo sin que nos demos cuenta. 
Ya tenemos mas amigos virtuales que reales y cada vez vemos menos a los que nos van quedando en el mundo real e incluso mayormente nos vemos solamente para tener charlas tan superficiales como las que tenemos con nuestros amigos del facebook.
Y así se pasa el día, entre redes sociales, el trabajo y si queda tiempo (mayormente "tiramos todo" para el fin de semana) nos hacemos un ratito para algunos vínculos personales relevantes.
Y quizás todas esas poco importantes "misiones secundarias" de la vida (que cada vez la vamos pasando a misiones primarias porque es mas importante hacer un gran meme en Facebook o una gran foto en Instagram, que darle un consejo personalmente a un  amigo o al menos fijarse si esta padeciendo algún problema) se convierten en adornos que nos hacen ver mejor en un espejo que nos rehusamos a ver y que solo miramos de reojo porque en realidad esas tonterías son las que nos van tapando nuestro verdadero ser y que al final nos terminan definiendo como persona y a la vez como sociedad. Y para obtener todos los adornos o al menos para mantenerlos como se mantiene la vida en la tierra gracias a la gravedad, se deben consumir los máximos recursos posibles del ser humano: la fuerza de voluntad y el tiempo.







Personalmente creo que cada vez tengo menos de cada uno de ellos, ya sea por la falta de alguno en si mismo o porque me falta el ancla que me conectaba, o mejor dicho que me desconectaba de la estupidez humana. Esos ojos que me esperaban en el sol de la estación, esos abrazos tan fuertes como el dolor que se siente al no tenerlos, esos besos que te revivían tal como se hacia en los infantiles dibujos animados de antaño. Ese momento donde el tiempo se detenía y ya no importaba mirar el reloj aunque paradojicamente esos grandes momentos se pasaban muy rápido. 
Extraño esos abrazos, sobre todo porque probablemente no vuelva a sentir ninguno y creo que ese hueco es el que me da la sensación de que el tiempo se diluye, no porque pase rápido sino porque no le encuentro sentido por mas adornos que le quiera poner a esto.